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El Mito de Orfeo

Uno de los grandes personajes mitológicos del antiguo Olimpo era Orfeo, el amante de la música y las poesías. Se diferencia de los demás dioses por su delicadeza y amor hacia el arte, y no es para menos, él heredó de sus padres todo ese talento que lo distinguió, haciendo de él un ser lleno de armonía como lo demostraban sus melodías.

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Quiero que me acompañes en la fascinante aventura de conocer a esta singular figura griega. Aquí verás quienes fueron sus padres, qué hizo durante su vida y cuál fue su hazaña más heroica para rescatar a su gran amor de un lugar tenebroso. ¿Te animas?

Orfeo y sus padres

Quién podría decir que entre tantos dioses poderosos y violentes, existirían otros que llenaban de encanto con sus tenues cualidades. Ese fue el caso de Orfeo, por ser hijo de Apolo, dios de la música y el arte, y de Calíope, una musa de la poesía épica, de la elocuencia y la rima, recibió ese talento por lo artístico con incuestionable perfección.

Su padre, Apolo, era un dios muy complejo. Reunía tantos talentos que otros no tenían. Se encargaba de la belleza en todas las formas artísticas, también se destacaba por el arte de curar, de profetizar y lanzar tiros con el arco. Su madre por su parte, era una majestuosa musa apasionada por la poesía, siempre llevaba en sus manos una trompeta y un poema épico.

Por lo tanto, Orfeo nació con una naturaleza artística digna de sus padres. Poseía un oído musical muy elocuente, sus notas melódicas envolvían a sus espectadores a un nivel de hipnotismo que cualquiera caía rendido al escucharlas. Era amante de endulzar el ambiente con sus capacidades artísticas.

La vida de Orfeo

Orfeo como otros personajes mitológicos llevaba una vida fuera de lo común. Iba por el mundo cautivando todo ser viviente con sus melodías y, gracias a ella, pudo salir de situaciones difíciles tanto él como sus acompañantes.

Cuenta la leyenda que una vez salió junto con los Argonautas a tierras muy lejanas, en búsqueda del Vellocino de Oro. Fue un viaje misterioso a una isla conocida como Antemóesa, llena de seres sobrenaturales dentro del mar. Se trataban de hermosas sirenas, cuyas voces melodiosas cautivaban a los mortales para arrastrarlos con ellas al fondo del mar.

Durante el navío, las extrañas criaturas comenzaron a cantar para envolver a los marineros. Orfeo en rescate sacó su lira y tocó unas notas musicales tan plácidas que pudo neutralizar el encanto de las sirenas, a su vez, las cautivó tanto a ellas como a la bestias salvaje que reguardaba el Vellocino.

Otros hechos transcendentales de su vida fueron los largos viajes a distintas tierras para conocer y llenarse de sabiduría. Durante sus recorridos, impartía enseñanzas sobre medicina, agricultura y hasta de escritura. También explicaba cómo era la astrología, las constelaciones y el movimiento de las estrellas.

La principal característica de este personaje, era su desenvolvimiento con la música, no había nada que se resistiera a ella: roca, arboles, riachuelos y todo tipo de ser viviente quedaba atónito al escucharla, eran incapaces de interrumpir mientras sonaba.

Mito de Orfeo y Eurídice, una historia de amor

Una de las historias de amor más hermosa fue la de Orfeo y Eurídice, sin duda, un ejemplo de lealtad y valor a los sentimientos. Ella era una ninfa muy sencilla, de singular belleza y dulce sonrisa. Se dice que era de Tracia, justo allí la conoció Orfeo quien de inmediato quedó deslumbrado y decidió unirse a ella para toda la vida, bajo la bendición de Zeus.

Un bello día, Eurídice sale a dar un paseo por el bosque buscando la compañía de las demás ninfas, a su paso consigo algo terrible e inesperado. Aristeo, un cazador de la cercanía, se había enamorado de ella y quiso secuestrarla en ese momento. La desesperada joven huía entre la maleza y es allí donde una peligrosa serpiente le dio una mordida letal. Eurídice muere rápidamente.

El desconsolado Orfeo sufría amargamente la pérdida de su gran amor, hasta que tomó una decisión que solo la podría tomar alguien sumamente enamorado: viajar a Hades a buscar a su amada esposa y traerla de vuelta.

Orfeo y su viaje al Hades

El viaje para el Hades fue una decisión muy arriesgada, sin embargo, Orfeo prefirió morir en el intento que pasar su vida llorando a su eterno amor. Llegó al río Estigia en donde se encontraba Caronte en su barca cargando a los muertos para llevarlos al Hades. Estando allí saco su lira y comenzó a tocar sonatas llenas de dolor. Éstas manifestaban el pesar que sentía en su corazón. El barquero conmovido lo lleva hasta el otro lado.

Orfeo baja del barco y se encuentra con la feroz bestia de tres cabezas que resguarda la entrada del infierno, sin embargo, ella lo deja pasar al escuchar su triste melodía. Estando el Hades hace un pacto con la reina del infierno, Perséfone. Ella acepta que se lleve a Eurídice solo si no volteaba a verla durante todo el viaje hasta salir del lugar y recibir los rayos del sol, de lo contrario volvería allí para siempre.

Él acepta la propuesta y sale rápidamente del inframundo con su ninfa detrás de él, sin la certeza de que realmente fuera ella. Ambos encaminaron la travesía de regreso sin poder verse. Ya en la salida, Orfeo logra atravesar las sombras del infierno recibiendo la luz del día, pero en su desespero por ver a su amor, voltea a mirarla cuando ella aún no ha salido por completo. El resultado de ese terrible error fue verla desvanecerse ante sus ojos sin poder retenerla a su lado.

La muerte de Orfeo

Esta gran tragedia fue repetir el sentir de haber perdido a su esposa, la Laguna Estigia se convirtió en el escenario donde despidieron dos inmensos amores, esta vez, para siempre. Orfeo sin ganas de vivir, vaga inconsolablemente acompañado solo de su lira. Lo único que quería era morir para volver a ver a su amada esposa.

Sus deseos se hicieron realidad cuando las Bacantes tracias quisieron seducirlo pero él no cedió. Aunque corrió por bosque para huir de ellas, lograron alcanzarlo y le dieron muerte. Orfeo por fin pudo volver al Hades para reunirse eternamente con su Eurídice en una historia de amor que vivirá para siempre. Esto demuestra cómo el amor puede vencer cualquier obstáculo, y mientras él exista, ni la muerte será su fin.